Al hilo de… Mario Vargas Llosa.

Esta mañana, a la hora del aperitivo, cerveza en mano y solecito en la espalda, una de cal y otra de arena por parte de El País: la de cal por Mario Vargas Llosa gracias a un artículo valiente condenando la homofobia en América Latina, que seguro quedará guardado en mi memoria igual que aquél de Arturo Pérez Reverte del que os hablé en una entrada anterior.

La de arena por el titular de la entrevista de la contraportada a Diego Valderas: “El PSOE pierde aceite”. Menos mal que he leído la entrevista, porque al pronto uno se indigna con la homofobia de este señor. Pero no es el caso. Lo que ocurre es que la periodista que ha entrevistado al Sr. Valderas (Karmentxu Marín) le hace una pregunta trampa malintencionada, de esta manera:

“PREGUNTA. Han hablado mucho de las mezclas izquierda-derecha, del agua, del aceite. ¿Cree que el PSOE pierde aceite?

RESPUESTA. Yo creo que el PSOE pierde y lleva perdiendo aceite, valores, principios, ideas y, sobre todo, responder a la confianza de la ciudadanía…”

No más comentarios sobre esto, sólo tener más cuidado la próxima vez que me tropiece con un artículo de esta señora, que vende falsos titulares.

Vuelvo con la de cal.

Últimamente, las noticias relacionadas con dos temas muy interesantes para mí: legislación internacional en materia LGTB por un lado, y ataques homófobos (de pensamiento, palabra, obra u omisión) a miembros de la comunidad en la que me siento incluído por otro, se suceden provocando en mí ilusión en el caso de las primeras y nerviosismo y miedo en el caso de las segundas, y necesidad de comentarlas aquí en ambas. Pero al final, es un artículo de Mario Vargas Llosa el que me hace sentarme de nuevo delante del ordenador a dejar aquí mis impresiones.

El joven de la foto es DANIEL ZAMUDIO, es o era, porque es el último caso de tortura brutal y asesinato homófobo que ha dado la vuelta al mundo y que ha hecho acelerar el proceso de aprobación de una ley que prevee sanciones contra la discriminación por motivos de orientación sexual en Chile.

Si queréis saber más sobre él, buscad en el Google o mirad el artículo de MVLL, yo aquí os dejo un enlace con las impresiones de la madre de Daniel, comentando cómo era su hijo, el relato de la noche que lo llevaron al hospital, y el transcurso de los 25 días de agonía que sufrió hasta su muerte el pasado 27 de marzo.

Me identifico completamente con el artículo de MVLL, lo leo y lo releo, porque es un gusto que un escritor de su talla hable de estas cosas, y diga verdades como puños con una armonía y una elegancia tales, que no me resisto a copiar aquí algunos pasajes del mismo:

Ojalá la inmolación de Daniel Zamudio sirva para sacar a la luz pública la trágica condición de los gays, lesbianas y transexuales en los países latinoamericanos, en los que, sin una sola excepción, son objeto de escarnio, represión, marginación, persecución y campañas de descrédito que, por lo general, cuentan con el apoyo desembozado y entusiasta del grueso de la opinión pública.”

“…cultura de antigua tradición que presenta al gay y a la lesbiana como enfermos o depravados que deben ser tenidos a una distancia preventiva de los seres normales porque corrompen al cuerpo social sano y lo inducen a pecar y a desintegrarse moral y físicamente en prácticas perversas y nefandas.

Esta idea del homosexualismo se enseña en las escuelas, se contagia en el seno de las familias, se predica en los púlpitos, se difunde en los medios de comunicación, aparece en los discursos de políticos, en los programas de radio y televisión y en las comedias teatrales donde el marica y la tortillera son siempre personajes grotescos, anómalos, ridículos y peligrosos, merecedores del desprecio y el rechazo de los seres decentes, normales y corrientes. El gay es, siempre, <<el otro>>, el que nos niega, asusta y fascina al mismo tiempo, como la mirada de la cobra mortífera al pajarillo inocente.”

“…seguramente, lo más terrible de ser lesbiana, gay o transexual en países como Perú o Chile no son esos casos más bien excepcionales, sino la vida cotidiana condenada a la inseguridad, al miedo, la conciencia permanente de ser considerado (y llegar a sentirse) un réprobo, un anormal, un monstruo. Tener que vivir en la disimulación, con el temor permanente de ser descubierto y estigmatizado, por los padres, los parientes, los amigos y todo un entorno social prejuiciado que se encarniza contra el gay como si fuera un apestado. ¿Cuántos jóvenes atormentados por esta censura social de que son víctimas los homosexuales han sido empujados al suicidio o a padecer de traumas que arruinaron sus vidas?”

“El asunto no es político, sino religioso y cultural. Fuimos educados desde tiempos inmemoriales en la peregrina idea de que hay una ortodoxia sexual de la que sólo se apartan los pervertidos y los locos y enfermos, y hemos venido transmitiendo ese disparate aberrante a nuestros hijos, nietos y bisnietos, ayudados por los dogmas de la religión y los códigos morales y costumbres entronizados.”

A pesar de que el artículo es muy bueno, pasa un poco de puntillas por el tema de la responsabilidad moral de la iglesia en estos ataques homófobos, que sistemáticamente rechaza secundar leyes antidiscriminatorias y resoluciones de la ONU en igual sentido, como cuando propusieron despenalizar la homosexualidad a nivel mundial.

El artículo refleja muy bien hasta qué punto la iglesia y sus dogmas están presentes en la sociedad latinoamericana, bastante más de lo que está en España. Se ve que a Latinoamérica no llegó la “ola laicista que nos invade”, desafortunadamente. La sociedad chilena o peruana que describe MVLL parece un reflejo de la sociedad española de hace unos años, la misma que el gobierno se empeña ahora en recuperar ayudado por la iglesia desde sus púlpitos, con la ayuda inestimable de TVE:

Yo no lo vi en directo, claro, en cuanto veo que están dando una misa por la tele cambio rápido de canal, me enteré de lo que dijo el tipejo este por otros medios. De verdad hay que ser hipócrita y fariseo para decir que los gays se prostituyen, o que han sufrido abusos de niños en sus casas, cuando son ellos los primeros que dan cobijo a pederastas, o realizan tocamientos indecentes a los niños que tienen que educar, cuando no violaciones en toda regla. Desde luego, yo no dejaría nunca a un hijo mío a solas (ni a compañías) con ningún cura.

Y esto es todo por hoy. Gracias por leer, y a disfrutar del artículo!

Migue.

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Educación para la Ciudadanía & recurso PP

No se ha hecho esperar mucho el PP para mostrarnos sus intenciones con respecto a políticas sociales y educativas. Voy a atreverme a decir que:

La supresión de la asignatura “Educación para la Ciudadanía” tiene a mi entender un único objetivo, que es la ocultación de la realidad LGTB, negándoles información a las nuevas generaciones de españoles sobre la realidad social de este país. Pretenden que “sus hijos”, cuando sientan que no son como los demás, se queden solos, perdidos y sin referencias, pretenden que piensen que su única salida es el SUICIDIO, o el SACERDOCIO, que no valen para otra cosa… decidirán casarse cuanto antes de acuerdo a “lo que Dios manda”, y arruinarán su vida y la de su pareja… pero NO LO VAN A CONSEGUIR, ya hemos salido todos del armario, y somos los que somos, vivimos plenamente integrados en la sociedad, los niños tienen ahora ordenador, teléfono, internet… el mundo real está ahí, a tan sólo un clic, ¡esto no lo van a parar!

De modo que van a sustituir la susodicha por una asignatura sobre “Valores Constitucionales”, ésos valores en los que se sustentan para presentar su recurso de inconstitucionalidad contra la Ley que modificó el Código Civil en 2005. Un recurso que aún está en trámite, y es que el tema es muy discutible. El artículo 32 de la Constitución Española, en su punto 1, dice textualmente:
“El hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica.”

Para mí que el legislador quiso dar a entender que el derecho a contraer matrimonio se aplica a todas las personas (dice “el hombre y la mujer”, no “la pareja hombre y mujer”), es evidente que en aquella época nuestra realidad estaba oculta (salvo algunos/as valientes) y no se les pasó por la cabeza la posibilidad de que dos personas del mismo sexo se quisieran casar, pero los tiempos han cambiado desde entonces (no es que haya ahora más “desviados”, somos los de siempre, pero más felices, estamos integrados en la sociedad siendo nosotros mismos, y hablamos sin tapujos) y necesariamente se ha de interpretar el artículo de modo favorable; una decisión desfavorable, una inconstitucionalidad de la Ley 13/2005 de 1 de julio sólo nos dejaría 2 salidas: Una sería irse al extranjero (no es broma, no); en este enlace de wikipedia se puede ver un mapamundi donde se indica en dónde es legal el matrimonio homosexual, en dónde no, en dónde la homosexualidad es ¡ILEGAL!…
La otra opción es REFORMAR LA CONSTITUCIÓN. Debido a que habría que reformar un artículo concerniente a Derechos Fundamentales, el proceso sería largo y costoso, y habría que hacerlo con garantías, y con el apoyo de una gran mayoría de la población y una gran mayoría de los políticos. Yo no dudo de que sería posible, pues dentro del PP no todo es OPUS, hubo discrepancias internas con el tema del recurso, y, en general, creo que la mayoría de los votantes del PP no sienten amenazados sus matrimonios por el hecho de que yo me case con otro hombre, que eso sólo es una excusa inventada por quienes todos sabemos, y no merece ni atención siquiera.

Gracias por leer mis pobres, personales opiniones.
Migue.

Y ahora haré un clic en “Publicar”, y quedará dicho.

Arturo Pérez Reverte

Como aún no tengo decididas las próximas excursiones, sólo las fechas (7 y 15 de enero), y no quiero dejar abandonado el blog, os voy a transcribir un artículo de Arturo Pérez Reverte, que escribió allá por 1997, y que conservo por lo emotivo que es. Han pasado unos años, y la cosa ha cambiado una barbaridad, quién me lo iba a decir a mi, pero yo no olvidaré nunca, y menos mientras siga habiendo casos como el del chico de este vídeo; y estaré muy pendiente de lo que pase con el nuevo gobierno del PP… ése que hemos elegido entre todos.

Aunque Arturo Pérez Reverte no es santo de mi devoción, pues suele dar una de cal y otra de arena, en lo que respecta a los derechos LGTB suele ser respetuoso. Ahí va una muestra:

 

PAREJAS VENECIANAS.

Nunca antes me había fijado en la cantidad de parejas homosexuales que se ven paseando por Venecia. Los encuentras caminando por los puentes, a la orilla de los canales, cenando en los pequeños restaurantes del casco viejo.

No suele tratarse de dúos espectaculares, sino todo lo contrario: gente discreta, tranquila, a menudo con aspecto educado. Mirando a los demás aprendes cantidad de cosas, y en el caso de estas parejas siempre me encanta sorprender sus gestos comedidos de confianza o afecto, el reparto convencional de roles que suele darse entre uno y otro, la ternura contenida que a menudo sientes flotar entre ellos, en su inmovilidad, en sus silencios.

Pensaba en eso el otro día, a bordo del vaporetto que cubre el trayecto de San Marcos al Lido. Sobre la laguna soplaba un viento helado, los pasajeros íbamos encogidos de frío, y en un banco de la embarcación había una pareja, hombre y hombre, cuarentones, tranquilos. Se sentaban muy juntos, apoyado discretamente un hombro en el del compañero, en un intento por darse calor.

Iban quietos y callados, mirando el agua verdegris y el cielo color ceniza. Y en un momento determinado, cuando el barc hizo un movimiento y la luz y la gama de grises del paisaje se combinaron de pronto con extraordinaria belleza, los vi cambiar una sonrisa rápida, fugaz, parecida a un beso o una caricia. Parecían felices.

Dos tipos con suerte, pensé. Aunque sea dentro de lo que cabe. Porque viéndolos allí, en aquella tarde glacial, a bordo del vaporetto que los llevaba a través de la laguna de esa ciudad cosmopolita, tolerante y sabia, pensé cuántas horas amargas no estarían siendo vengadas en ese momento por aquella sonrisa. Largas adolescencias dando vueltas por los parques o los cines para descubrir el sexo, mientras otros jóvenes se enamoraban, escribían poemas o bailaban abrazados en las fiestas del instituto. Noches de echarse a la calle soñando con un príncipe azul de la misma edad, para volver de madrugada, hechos una mierda, llenos de asco y soledad. La imposibilidad de decirle a un hombre que tiene los ojos bonitos, o una hermosa voz, porque, en vez de dar las gracias o sonreír, lo más probable es que le parta a uno la cara. Y cuando apetece salir, conocer, hablar, enamorarse o lo que sea, en vez de un café o un bar, verse condenado de por vida a los locales de ambiente, las madrugadas entre cuerpos danone empastillados, reinonas escandalosas y drag queens de vía estrecha.

Salvo que alguno (muchos) lo tenga mal asumido y se autoconfine a la alternativa cutre de la sauna, la sala X, la revista de contactos y la sordidez del urinario público. A veces pienso en lo afortunado, o lo sólido, o lo entero, que debe de ser un homosexual que consigue llegar a los cuarenta sin odiar desaforadamente a esta sociedad hipócrita, obsesionada por averiguar, juzgar y condenar con quién se mete, o no se mete, en la cama. Envidio la ecuanimidad, la sangre fría, de quien puede mantenerse sereno y seguir viviendo como si tal cosa, sin rencor, a lo suyo, en vez de echarse a la calle a volarle los huevos a la gente que por activa o por pasiva ha destrozado su vida, y sigue destrozando la de chicos de catorce o quince años que a diario, todavía hoy, sigue teniéndolo igual que él lo tuvo: las mismas angustias, los mismos chistes de maricones en la tele, el mismo desprecio alrededor, la misma soledad y la misma amargura.

Envidio la lucidez y la calma de quienes, a pesar de todo, se mantienen fieles a sí mismos, sin estridencias pero también sin complejos, seres humanos por encima de todo. Gente que en tiempos como éstos, cuando todo el mundo, partidos, comunidades, grupos sociales, reivindica sus correspondientes deudas históricas, podría argumentar, con más derecho que muchos, la deuda impagada de tantos años de adolescencia perdidos, tantos golpes y vejaciones sufridas sin haber cometido jamás delito alguno, tanta rechifla y tanta afrenta grosera infligida por gentuza que, no ya en lo intelectual, sino en lo puramente humano, se encuentra a un nivel abyecto, muy por debajo del suyo.

Pensaba en todo eso mientras el barquito cruzaba la laguna y la pareja se mantenía inmóvil, el uno junto al otro, hombro con hombro. Y antes de volver a lo mío y olvidarlos, me pregunté cuántos fantasmas atormentados, cuántas infelices almas errantes no habrían dado cualquier cosa, incluso la vida, por estar en su lugar. Por estar allí, en Venecia, dándose calor en aquella tarde fría de sus vidas.