Desbordamiento del Genil.

El miércoles fui testigo del desbordamiento del río Genil. Cuando voy a Huétor Tájar disfruto mucho con las vistas, me alegra ver el campo lleno de vida y un río Genil con más caudal del que acostumbro a ver a su paso por Santa Fe. Me gusta ver toda esa vega encajada entre montañas con una diversidad enorme de verdes y marrones, y siento una empatía especial con los agricultores que la trabajan y que me dan trabajo a mí. Por eso no me sorprende ver, en lo alto de una colina junto a un polígono industrial a donde voy, un hombre apuntando con su cámara de fotos hacia la vega. La sorpresa viene cuando aminoro la marcha para observar yo también, y veo, al fondo, el campo todo cubierto de agua. Pero aquí no se riega por inundación… si aquello parece una marisma! Me dirijo hacia el pueblo… la carretera cortada. Una vecina me confirma que se ha desbordado el río, y me dirijo hacia allí a paso ligero. Lo que me encuentro, lo cuentan las fotos:

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Parece un mar… es un campo de espárragos que se ha ido al garete. El curso del río está por detrás de la chopera.

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En la foto de la izquierda, otra perspectiva. A la derecha, el río cruza la carretera de acceso al pueblo; al fondo el puente que salva el río. Todas las fotos están tomadas mirando hacia el sitio de donde vienen las aguas, el este, pues el sol impedía hacer fotos hacia el otro lado, donde se podía ver un paisaje igual de desolador.

Al principio, uno piensa en la madre Naturaleza, el río que se toma lo que es suyo y esas cosas, pero pronto se da uno cuenta de la realidad. Es el desembalse de agua de los pantanos lo que provoca esto: Quéntar y Canales cerca de Granada; Colomera y Cubillas aportan sus aguas a través del río Cubillas; y el de los Bermejales, a través del río Cacín. Este último desemboca en el Genil en Villanueva Mesía donde también estaba anegando cultivos. De modo que la responsable, y a quien le lloverán las denuncias, es la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir por no haber previsto esta situación.

Más adelante, las aguas del Genil se “guardan” en el pantano de Iznájar, un enorme depósito que también está desaguando y causando graves problemas en Écija: que se preparen para lo que les viene encima… todavía más.

Regreso al polígono industrial para hacer alguna foto más desde arriba:

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He tenido ocasión de hablar con la gente del pueblo, que me han contado el desastre que para los agricultores supone esta inundación. Hace unos días que desde UPA-Granada denunciaban que el exceso de lluvias estaba causando pérdidas importantes en la producción del espárrago de este año (además de otros cultivos importantes, como la alcachofa o el olivo), y esto no viene más que a agravar una situación delicada. Además, la inundación que en tiempos del “creciente fértil” en el Nilo podría ser beneficiosa, cuando se produce en un cultivo no da más que trabajo y deja tras de sí una capa de lodo (“nata” le llaman aquí al residuo que queda, según me comentaban unos jubilados) muy costosa de eliminar. Por no hablar de que la mayoría de las fincas en esta zona son de pequeños agricultores, explotaciones de tamaño familiar que ni siquiera se permiten el lujo de contratar mano de obra para la recolección de la cosecha.

El desbordamiento se producía también aguas arriba, en Villanueva Mesía (parece que este es el nombre oficial, aunque suena raro…), y comentaban que también estaba cortada la carretera, así que de vuelta a Granada, hice una parada allí para comprobar que el espectáculo era parecido, si bien la carretera estaba abierta:

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Allí pude hablar con un agricultor que tenía su finca allí al lado con un metro de agua, según comentaba.

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Parecía tranquilo. Los agricultores no están solos, suele darse el cooperativismo, y además están los seguros agrarios, y otras organizaciones para la defensa de sus intereses. Me comentaba una cosa curiosa: decía que el nivel del agua seguía subiendo y que lo sospechaba porque el río arrastraba mucha broza, señal de que estaba “barriendo” zonas nuevas; en la retirada va más limpio. En el centro del puente se acumulaba una gran cantidad de despojos:

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Entiendo que las inundaciones son la razón de que el cultivo predominante siempre a orillas del Genil sea el chopo, un árbol que precisa de mucha humedad y que no sufre demasiado con las inundaciones (aunque posteriormente haya que limpiar el terreno de todo el fango que deja tras de sí el río). La regulación de los caudales por medio de las presas hace que se gane confianza y se acaben cultivando otras cosas en terrenos próximos al río, hasta que pasa lo del miércoles…

Una vez allí, y dado mi interés por conocer un poco mejor la tierra donde nací, quise investigar un poco en la historia de los cultivos en la vega de Huétor Tájar, para compararla con la de la Vega de Granada; un estudio muy útil para el aprovechamiento del curso de guía de ecoturismo que estoy realizando de la mano de la gente de Al-Natural.

El valle del río Genil sirve de eje de tierras de cultivos desde Granada. Allí se abre formando la Vega de Granada, que llega más o menos  hasta Láchar. Después se estrecha y tras varios kilómetros vuelve a ensancharse antes de llegar a Villanueva del Mesía, en donde se funde con el valle del río Cacín, dando paso a la Vega de Huétor Tájar (foto grande más arriba).

Son las aguas del río Cacín, alimentado por la mayor aportación del río Alhama, las que riegan la vega de Huétor Tájar, a través de un sistema de caces y acequias que se remontan a tiempos de las culturas romana y árabe. Los ríos Cacín y Alhama nacen en el Parque Natural de las Sierras de Tejeda y Almijara.

En el cauce del río Cacín se construyó una presa, llamada de Derivación, que captaba sus aguas y las conducía a través de un canal hasta tres módulos de partición, de los cuales dos servían para regar los diferentes partidos de la vega de Huétor Tájar, como la Vega Vieja, Vega del Cacín, Vega del Conde, etc. Este canal es conocido con el nombre de “Caz de la Emperatriz Eugenia” y pasa por ser uno de los más antiguos de la provicia, como demostró el ingeniero Abellán (1895-1982), promotor de los pantanos de Bermejales, Cubillas e Iznájar, entre otros, y del canal de Huétor Tájar (1948). Abellán demostró que la antiquísima Acequia Gorda del Cacín (hoy Caz) fue trazada por los romanos, y uno de los signos evidentes es el túnel perforado en la roca, junto al río Cacín, para conducir las aguas hasta Huétor. Los árabes, maestros insuperables en el arte del regadío, ampliaron y perfeccionaron el Caz tal y como se hallaba hasta que empezaron las obras de entubación a finales del siglo XX, al objeto de aprovechar todo el agua, sin desperdicios.

Antiguamente, las aguas que conducía el Caz no sólo se aprovechaban para regar, también producían la energía para poner en funcionamiento el molino de harina de Tajarilla, que ya existía en época califal y estaba asociado a la alquería de Tájara (Tájar), situada en la hoy llamada Casería de las Torres. Ubicada en la orilla izquierda del río Cacín poco antes de su desembocadura en el Genil, recibía las aguas del Cacín por la construcción de una presa de tierra sobre éste y se conducía por medio de una acequia de gran recorrido (Caz). Así se formó una rica vega que hoy se conoce como “Vega Vieja”, de gran productividad.

Otro dato histórico interesante es que, tras la Reconquista de Granada, los Reyes Católicos donaron a su Capitán, Don Álvaro de Luna, más de 1.200 fanegas de tierra y el derecho de usar las aguas del río Cacín para riegos. Don Álvaro de Luna y posteriormente sus descendientes y Señores de Huétor Tájar dictaron normas para controlar los riegos que se plasmaron en las Ordenanzas de la Villa. De esta forma el Caz de la Emperatriz Eugenia, recibe este nombre en homenaje a la granadina María Eugenia Palafox Portocarrero y Kirkpatrick, condesa de Teba, más conocida como Eugenia de Montijo, Señora de Huétor Tájar y Emperatriz de Francia.

Y esto es todo de momento, que no está mal para ser un día laborable… está bien que de vez en cuando se fusione el trabajo con el disfrute, y espero que quien lea esto lo disfrute igual. Me despido con una última foto del río en Villanueva Mesía:

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GPL

Migue.

La nieve

Algo tiene la nieve que hipnotiza. Será porque en Granada no estamos acostumbrados a ella, aunque no estoy del todo seguro de que si me fuera a vivir a Canadá, por ejemplo, me pasara lo que al pobre “primo de Santa Fe que vive en Toronto”; el Santa Fe argentino, naturalmente: Un monólogo de Dady Brieva:

Ahora en serio, al despertar esta mañana, era aún de noche, y llovía; mientras me preparaba el café se escuchaba perfectamente, porque es un sonido que se mete por todas las rendijas, el crepitar del agua al golpear en el suelo, los charcos, las ventanas… a lo largo del desayuno cesó el sonido de la lluvia, y al comprobar que era ya de día y subir las persianas… oh sorpresa! la lluvia se había convertido en nevada, que caía copiosamente, y ya había dejado un precioso manto blanco sobre mi calle, los árboles del parque y los tejados circundantes.

El sonido de la nieve al caer es, para mí, hipnotizante; parecido al sonido que hace al ser pisada, pero muy muy suave, es el rozamiento de la nieve con el aire, el sonido de los copos al caer unos sobre otros… y esta mañana era especial porque no había apenas ruido ambiental al ser festivo, y se distinguía perfectamente. Es un sonido que me atrapa y me obliga a permanecer con la ventana abierta, la nieve mojándome las manos, los brazos, la cabeza. Pero de pronto noto el frío, y el hipnotismo desaparece, vuelvo a la realidad y tengo que cerrar la ventana y correr a por la cámara de fotos.

En esto soy como la mayoría de los mortales. Cuando todavía se revelaban carretes de fotos, los días de después de una nevada eran los de más trabajo para las tiendas de revelado, y es que en estas ocasiones los granadinos hacemos dos cosas: jugamos con la nieve o hacemos fotos, miles y miles de fotos. Y la Alhambra suele ser el foco de atracción más importante, portada de periódicos, telediarios, es la foto que todo el mundo busca. Yo también, por petición expresa de un amigo, que si no, no me hubiera perdido por el Albayzín hasta el punto de tener que usar el localizador del móvil, para buscar el mirador de San Nicolás, o más bien, el mirador de la Mezquita, que está al lado, y tiene mejores vistas (dicen los entendidos, porque en el mirador de San Nicolás hay más ambiente, dónde va a parar).

Pero esto fue por la tarde, que por la mañana me abrigué bien con mi sombrero de paja y salí a hacer fotos por mi barrio, con mi musiquita tranquila acorde al momento, para esquivar el ruido de los coches en la autovía que sí, por más que nieve, por más que sea festivo, siempre tiene coches.

Como ya ha pasado el día, y se han puesto miles y miles de fotos en todos lados, os ahorraré las mías salvo un par de ellas que creo que han salido medio bien. No ya por el enfoque u otras cuestiones técnicas sino por la composición de las fotos: qué difícil es hacer una buena foto de un árbol helado sin que aparezca una farola, un cable, una baldosa, un edificio… hasta en los parques tienes que ir esquivando fuentes, bancos, columpios… uf!

De todas formas el paseo mereció la pena, sobre todo porque había poca gente, y pude darme el gustazo de ser el primero en pisar la nieve en muchos sitios. Os dejo la foto de un arbolillo que salió bonico:

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Venga, y una de la Alhambra:

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Y me despido con una foto que tomé desde el monte granadino conocido como del sombrero por su forma característica de sombrero de ala ancha. El lugar es un mirador natural de Granada y su vega, y creo que saqué una buena foto en el momento en que la lluvia descargaba sobre Sierra Elvira y sobre el pantano del Cubillas, se ven perfectamente las nubes “desparramándose” hacia la tierra, como cuando vemos una tormenta desde lejos; de hecho, durante la nevada de esta mañana cayeron varios rayos sobre Granada, y quizás esto que se ve en la foto sea una tormenta:

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Espero que nos leamos pronto, en otra nueva aventura emocionante.

GPL

Migue.

El Cabrero

Cuánto me alegro de haber advertido en el “saluda” del blog que yo hablaría aquí de lo que me viniera en gana. Conforme avanza el tiempo, me doy cuenta de que las cosas de las que me apetece hablar aquí son aquellas que me emocionan, y éstas son unas veces temas de naturaleza, y otras muchas, asuntos muy variopintos. He decidido no cortarme un pelo y, a pesar de que esto no tenga nada que ver con el título del blog ni sus intenciones iniciales, contar aquí la experiencia que tuve anoche en el Teatro Alhambra, el enorme privilegio del que disfruté:

Anoche acudí a mi primer recital de cante jondo a cargo de José Domínguez Muñoz, “EL CABRERO”, acompañado a la guitarra por Rafael Rodríguez. Enmarcado dentro del ciclo “Flamenco viene del Sur” del Instituto Andaluz del Flamenco, y como parte de su gira 40 aniversario, el evento tuvo lugar ayer noche en el Teatro Alhambra, y conquistó a un público que abarrotaba la sala, que jaleaba y aplaudía constantemente al cantaor y a su guitarra.

Un tío con chispa, chiste, y una estética muy cuidada (no vayan a decir que viste de Dior, o algo así, como le ocurrió a la Verdú), que por otra parte es una de sus señas de identidad: el sombrero y el pañuelo atado al cuello. Y sin más acompañamiento que una guitarra y su voz, hasta el martinete, tan duro, era suave (el ritmo lo marcaba el guitarrista golpeando suavemente el tambor de la guitarra, emulando la cadencia del martillo sobre el yunque), y en su voz temperamental, una reivindicación de lo simple, lo natural, lo humano, lo verdadero: la poesía.

Ha hecho un repaso por varios palos del flamenco, comenzó con una seguiriya; tuvimos ocasión de escucharle por malagueñas, fandangos, bulerías…, y en todas ellas, un sentimiento profundo, una emoción intensa me erizaba la piel y me hacía recordar una y otra vez las palabras del gran Federico García Lorca en su conferencia sobre el Cante Jondo:

“…Vean ustedes, señores, la trascendencia que tiene el cante jondo y qué acierto tan grande el que tuvo nuestro pueblo al llamarlo así. Es hondo, verdaderamente hondo, más que todos los pozos y todos los mares que rodean el mundo, mucho más hondo que el corazón actual que lo crea y la voz que lo canta, porque es casi infinito. Viene de razas lejanas, atravesando el cementerio de los años y las frondas de los vientos marchitos. Viene del primer llanto y el primer beso.”

En sus letras, caña al capital, al clero y al gobierno, homenajes a Lorca y a Miguel Hernández (el poeta pastor, como él), y guiños a poetas sudamericanos como Jorge Luis Borges y cantautores como Víctor Jara o Chavela Vargas, de la que cantó su tema “Luz de Luna”, y que os dejo aquí para vuestro deleite:

En los pechos de los montes me amamanto

en la cornisa de los riscos me sostengo

por eso esta noche les voy a decir de dónde vengo

Y para que podáis comparar, si es que es posible, la versión de Chavela:

No me lo podía callar.

Y si os ha gustado, un poquito más: un documental realizado por Canal plus Francia sobre el cabrero, en 1988, en versión original subtitulada en francés, para que aprendamos cómo respetan en Europa las lenguas originales. Un documental que nunca se emitió en España, y donde además sale un jovencísimo Manuel Sánchez Gordillo (alcalde de Marinaleda)…:

Gracias Por Leer.

Migue.

Mariposas en La Taha

Seguro que si llego a planear una salida al campo para ver mariposas no veo tantas como esta mañana. Me llevé la cámara, sí, y he podido sacar unas fotos estupendas de algunos de los ejemplares que se estuvieron más quietecitos. Pero me faltaron los prismáticos, ¡qué cantidad de pájaros! Por todas partes sorprendíamos a bandadas de pájaros que salían espantados a nuestro paso. Pude distinguir un petirrojo que jugaba al escondite conmigo, colorines, y otros que no me atrevo a nombrar, no sea que me equivoque. Un ave rapaz nos sobrevolaba durante casi toda la mañana y, en fin, un cántico de pájaros incesante nos acompañó durante el paseo.

La primera mariposa que posó por fin para mi cámara fue una hembra de la llamada “Manto bicolor” o “Lycaena phlaeas”, una mariposa pequeñita, de las que vimos varios ejemplares, la mejor foto es ésta:
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Revoloteaban por casi todo el camino, y parecía que se las llevaba el viento, pero también pude captar una buena foto de un ejemplar hembra de la mariposa “Lasionmmata megera” o “Saltacercas” que tenía una de sus alas rota:

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También vimos un ejemplar macho de la ya clásica para mí “Ortiguera” o “Aglais urticae”, una de las mariposas más abundantes en Sierra Nevada visible durante todo el año:

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Y para finalizar, la mariposa que más me cautivó, pues, después de verla durante todo el camino, cuando ya estábamos cerca de Pitres se metió por un caminito verde junto a un arroyo, y dejó que la observara bien de cerca mientras libaba en una flor compuesta, de un amarillo intenso como ella. Se trataba de la “Colias alfacariensis” o “Colias de Berger o Alfacar”. A pesar de tener como guía de identificación el magnífico libro de “Las mariposas diurnas de Sierra Nevada”, no he podido averiguar si el ejemplar es macho o hembra. Ahí lo tenéis, con su par de antenas y su “espiritrompa” succionando el néctar de la flor:

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Y esto es todo, como veis, la primavera está llegando a Sierra Nevada. Alegría, alegría!

GPL

Migue.

 

 

 

 

 

Árboles en invierno (2)

Esta entrada va dedicada a un árbol muy presente en Granada, y muy desconocido. Enlazando con la entrada anterior, y siguiendo con nombres de árboles que se refieren a cosas buenas, os voy a hablar del árbol de los dioses. Desconozco de dónde le viene ese nombre al “ailanthus altissima” o ailanto.

Que el nombre sea bonito (también le llaman árbol del cielo) no significa que en Granada sea un árbol querido; al contrario, se trata de una especie invasora, y de las malas, que prolifera por todas partes, desde la Alpujarra a la Vega, aunque está instalada en un rango de alturas que van desde el nivel del mar hasta los 1400 metros.
El árbol viene de China, aunque yo siempre pensé que se trataba de una especie australiana, pues me recuerda mucho a los desiertos, no me preguntéis por qué. Las fotos a este árbol las he sacado ahora, en invierno, para meterlas en esta entrada, y para que veáis lo feo que es. Fijaos en esta foto; hay varios ejemplares y todos son ailantos. El que está en primer término es un ejemplar joven, de 2 años a lo sumo, ya podéis ver que sólo son unas varas saliendo de la tierra. El que está detrás más grande y con restos de hojas alrededor es más viejo, pero igual de feo (perdón por la subjetividad):

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Seguro que habéis visto este árbol muchas veces pues jalonan la carretera de la Alpujarra, se cuentan por cientos de ejemplares; también los hay en la Vega, y la razón que de haya tantísimos hay que buscarla en las características del árbol y en el por qué de su introducción. Parece que este árbol se trajo a Europa como árbol ornamental, pero también porque era bueno para fijar taludes. Yo pienso que esa fue la razón de su introducción en la Alpujarra, que es un terreno con abundantes “launeras”, zonas de fácil desprendimiento. Posteriormente, el árbol se ha mostrado como una auténtica plaga, malísima por varias razones:
Primero porque reduce la biodiversidad del terreno en donde se asienta, de dos formas: comienza reduciendo la cobertura vegetal del estrato herbáceo, y después del estrato arbóreo, imponiendo su dominación en favor de sí mismo (en la haza donde tomé la foto, no hay más árboles que el ailanto) Esto se ve muy claramente si pensamos en lo rápido que crece, si vemos en primavera las hojas con unos tallos descomunales, es lógico pensar que se están llevando todos los nutrientes de la tierra para su desarrollo, en detrimento de otras especies.
Otra razón es su increíble capacidad de reproducción. Un dato: este árbol produce en un año 350.000 semillas. Pero es que además su fuerte olor atrae a los insectos, que los prefieren a las especies autóctonas con lo que consiguen una expasión por polinización superior a sus “oponentes”.
Si a esto le sumamos que es una especie extremadamente resistente y adaptable, que tiene un sistema radicular potentísimo (es muy difícil de eliminar, siempre acaba surgiendo en otro sitio tras una poda…), tenemos una especie invasora de tomo y lomo que hay que tratar de eliminar, sobre todo en la Alpujarra, por el bien de nuestra biodiversidad.
Los datos que he necesitado para hablar del ailanto los saqué de un informe de la revista “ambiociencias” de la Universidad de León. Podéis leer el PDF gratuito en el enlace de la revista nº 7, páginas 27 a 39.

Igual cuando llegue la primavera les saco fotos y las pongo aquí para que lo identifiquéis bien.
Os animo a que compartáis esto con todos vuestros conocidos, pues hay que luchar contra estas plagas y el esfuerzo de todos es indispensable. Gracias en nombre de la biodiversidad.
Con esto termino esta entrada. Pero habrá otra porque las mejores fotos de árboles desnudos en invierno aún están por venir, con permiso de los almendros. Nos esperan las plataneras, los castaños de la Alpujarra y su terrible amenaza, almendros, árboles con tupé… no os la perdáis.

Gracias por leer.
Migue.

Árboles en invierno (1).

De nuevo por aquí para enseñaros algunas fotos de los árboles en invierno, una idea a la que le doy vueltas desde hace tiempo y que aún no está lista, pero que voy a hacer ya porque mi amigo Paco se acaba de hacer un blog y ya lleva 5 entradas. El pique es inevitable, jeje.

Bien, la idea de los árboles en invierno viene por mi admiración de los esqueletos de estos seres vivos en esta estación, y llevo varias semanas recopilando fotos porque no a todos los árboles les llega su aletargo invernal al mismo tiempo, también porque los objetivos que quiero fotografiar los veo casi a diario, pero no tengo tiempo de pararme, montar trípode y toda la historia, así que lo estoy dejando para hacer en fin de semana un recorrido cámara en mano por algunos de los parques de Granada y Santa Fe o la Vega granadina, lugares comunes para mí a los pies de Sierra Nevada, omnipresente, como las palomas, gorriones, estorninos o urracas que revolotean constantemente, y van de un lado a otro, posándose, a cientos, en los cables de alta tensión que se distribuyen por toda la Vega. Aquí predomina, sobre todo, el chopo, un cultivo de toda la vida en la Vega. En esta primera foto, una chopera totalmente desnuda de hojas al fondo de un campo sembrado de cebollas (o eso parecen…)

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Lástima que no tengo apenas fotos de pájaros. Mi relación con ellos es… complicada. Aún esta semana descubrí que entre los cientos de pájaros que revolotean sobre el parque que hay frente a mi casa hay algo más que palomas, gorriones o mirlos pues pude ver, para mi gozo, a un grupo de unos 4 o 5 jilgueros (colorines) que se asustaban al sentirse observados. Lo mismo que los gorriones: suele pasarme que veo a un grupo de ellos retozando alegremente en un charco, sobre una roca, en un árbol… no se inmutan si me ven pasar. Pero que no se me ocurra pararme, y mucho menos intentar coger el móvil o la cámara: en el preciso instante en que me dispongo a tomar la foto, ellos desaparecen, como si la cámara fuera un arma de destrucción masiva para ellos, o algo… en fin, que me pongo en su lugar y sí, los entiendo, yo actuaría igual si un ser gigantesco me observara y sacara un artefacto desconocido del bolsillo…

Por cierto que al hablar del preciso instante me ha venido a la cabeza, no el caballo del Ayuntamiento de Granada, sino el hecho de que los griegos tuvieran una palabra para definir exactamente eso: esa palabra es “eureka” que viene a significar algo así como lo encontré en este preciso instante. Todos sabemos, o deberíamos saber, que fue la expresión que se le atribuye a Arquímedes cuando descubrió su “principio de Arquímedes” al comprobar cómo desbordaba el agua de la bañera al introducirse en ella. Lo que quizás no se sepa es que realmente, Arquímedes tenía el encargo de averiguar si una corona era de oro puro o no, y halló la forma de calcular el volumen de un objeto de forma extraña (no una esfera, un cubo, etc). Todo sucedió en Siracusa, allá por el siglo III a.c., y lo cuentan muy bien en este capítulo de érase una vez el hombre, a partir del min 8. Más o menos:

Y como ya me he desviado del tema, ahora no sé cómo volver a tocar el tema de los árboles… bueno, puedo decir que en la época de Arquímedes también había árboles, y seguro que no los podaban tanto como ahora; en las dos fotos, unas acacias en la calle real de Pitres en un día de nieve:

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Uno de los árboles más abundantes en los parques de Granada es el árbol del paraíso, o cinamomo. Cuando por fin conseguí localizarlo en internet no me sorprendí nada del nombre, pues es un árbol espectacular, que ahora está en su mejor momento. Ya aviso de que a los frutos les llaman “venenitos” así que mejor ni se os ocurra dárselos de comer a vuestras mascotas. Este árbol abunda en toda la calle donde vivo, en la paralela superior y en la inferior, está por todas partes; además hay en la barriada de Parque Almunia un parque todo llenito de estos árboles, una preciosidad. Pues bien, el otro día tuve que llevar la furgoneta a “car-glas”, temprano, y mientras esperaba, me fui a pasear por los descampados del polígono que aún no se han urbanizado (ay pena!) a contemplar y fotografiar la reciente nevada en la Sierra. Mi sorpresa fue mayúscula al ver una calle peatonal entre dos naves, toda llena de estos árboles. Lógico que me pasara desapercibida, pues no suelo pasar por ahí, está muy encerrada en el polígono, y la otra parte de la calle, está siempre ocupada por los coches que se meten en todas partes. No me enrollo más, la foto es ésta:
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This is the end, my only friend, the end.

GPL

Migue