Amar es constitucional

No encontraréis aquí el análisis más brillante de las consecuencias que la resolución del TC a favor de la ley de matrimonios homosexuales tiene sobre nuestras vidas, no por nada especial, tan solo porque otros siempre estuvieron en primera línea de batalla por los derechos que ahora definitivamente se han conquistado, dando la cara en público y en privado; realmente para ellos es mi homenaje, y mi agradecimiento. Son legión, personas desconocidas por mí que nunca estuve implicado en el activismo, todos tienen mi reconocimiento, pero hay dos a quienes quiero destacar porque los sigo habitualmente en sus blogs: Beatriz Gimeno, y Pedro Zerolo. Si pincháis en sus nombres iréis a sus respectivos cuadernos de bitácora y encontraréis opiniones y vivencias desde las trincheras.

Pero no quiero dar a entender que ellos han doblegado voluntades de nadie: no ha sido exactamente así. Han sabido encontrar a gente dispuesta a escuchar, y la capacidad de empatía de unos y otros junto con la aceptación (a resultas de un trabajo constante de difusión y sensibilización) de la realidad LGTB por parte del conjunto de la sociedad han logrado lo que parecía imposible en cualquier momento de la historia anterior a la llegada al gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero: que las leyes reconozcan y protejan las distintas opciones vitales LGTB, otorgándoles los mismos derechos que a los demás. Este logro se viste de legalidad con el discurso de Zapatero en el Congreso el 30 de junio de 2005, cuyo video y texto dejo aquí como constancia del Hecho Histórico:

INTERVENCIÓN DEL PRESIDENTE DEL GOBIERNO DE ESPAÑA, JOSÉ LUIS RODRÍGUEZ ZAPATERO, CON MOTIVO DE LA APROBACIÓN DE LA MODIFICACIÓN DEL CÓDIGO CIVIL EN MATERIA DE MATRIMONIO

Hoy, mi Gobierno somete definitivamente a la aprobación de la Cámara el proyecto de ley por el que se modifica el Código Civil en materia de derecho a contraer matrimonio. En estricto cumplimiento de un compromiso electoral ante la ciudadanía y ante esta Cámara.

Reconocemos hoy en España el derecho de las personas a contraer matrimonio con otras de su mismo sexo. Antes que nosotros lo hicieron Bélgica y Holanda, y antesdeayer lo reconoció Canadá. No hemos sido los primeros, pero tengo por seguro que no seremos los últimos. Detrás vendrán otros muchos países impulsados por dos fuerzas imparables: la libertad y la igualdad.

Se trata de un pequeño cambio en el texto legal: se agrega apenas un escueto párrafo en el que se establece que el matrimonio tendrá los mismos requisitos y los mismos efectos cuando los contrayentes sean del mismo o de diferente sexo.

Un pequeño cambio en la letra que acarrea un cambio inmenso en las vidas de miles de compatriotas. No estamos legislando, señorías, para gentes remotas y extrañas. Estamos ampliando las oportunidades de felicidad para nuestros vecinos, para nuestros compañeros de trabajo, para nuestros amigos, para nuestros familiares.

Y a la vez estamos construyendo un país más decente. Porque una sociedad decente es aquella que no humilla a sus miembros.

En un poema titulado“La familia”, nuestro Luis Cernuda se lamentaba:

“Cómo se engaña el hombre y cuán en vano da reglas que prohíben y condenan.”

Hoy la sociedad española da una respuesta a un grupo de personas que durante años han sido humilladas, cuyos derechos han sido ignorados, cuya dignidad ha sido ofendida, su identidad negada y su libertad reprimida. Hoy la sociedad española les devuelve el respeto que merecen, reconoce sus derechos, restaura su dignidad, afirma su identidad y restituye su libertad.

Es verdad que son tan solo una minoría; pero su triunfo es el triunfo de todos, también aunque aún lo ignoren, es el triunfo de quienes se oponen a esta ley, porque es el triunfo de la libertad. Su victoria nos hace mejores a todos, hace mejor a nuestra sociedad.

Señorías: no hay agresión ninguna al matrimonio ni a la familia en la posibilidad de que dos personas del mismo sexo se casen. Más bien al contrario, lo que hay es cauce para realizar la pretensión que tienen esas personas de ordenar sus vidas con arreglo a las normas y exigencias del matrimonio y de la familia. No hay una conculcación de la institución matrimonial, sino justamente lo opuesto: valoración y reconocimiento del matrimonio.

Soy consciente de que algunas personas e instituciones están en profundo desacuerdo con este cambio legal. Deseo expresarles que, como otras reformas que la precedieron, esta ley no engendrará ningún mal, que su única consecuencia será el ahorro de sufrimiento inútil de seres humanos. Y una sociedad que ahorra sufrimiento inútil a sus miembros es una sociedad mejor.

En todo caso, manifiesto mi profundo respeto a esas personas y a esas instituciones, y quiero pedir además a todos quienes apoyan esta Ley ese mismo respeto. A los homosexuales, que han soportado en carne propia el escarnio y la afrenta durante años, les pido que al valor demostrado en la lucha por sus derechos sumen ahora el ejemplo de la generosidad y expresen su alegría con respeto a todas las creencias.

Con la aprobación de este proyecto de ley, nuestro país da un paso más en el camino de libertad y tolerancia que inició en la Transición Democrática. Nuestros hijos nos mirarían con incredulidad si les relatamos que no hace tanto tiempo sus madres tenían menos derechos que sus padres; si les contamos que las personas debían seguir unidas en matrimonio aún por encima de su voluntad cuando ya no eran capaces de convivir…

Hoy podemos ofrecerles una hermosa lección: cada derecho conquistado, cada libertad alcanzada ha sido el fruto del esfuerzo, del sacrificio de muchas personas que hoy debemos reconocer y enorgullecernos de ello.

Hoy demostramos que las sociedades pueden hacerse mejores a sí mismas. Que pueden ensanchar las fronteras de la tolerancia y hacer retroceder el espacio de la humillación y la infelicidad. Hoy, para muchos, llega aquel día que evocó Kavafis hace un siglo:

“Más tarde –en la sociedad más perfecta-

algún otro, hecho como yo,

ciertamente surgirá y actuará libremente”.

……………………………………………………………………………………………………………

Hoy, 6 de noviembre de 2012, se ratifica por parte del Tribunal Constitucional el ajuste a nuestra más alta Norma de la reforma del Código Civil que tuvo lugar aquel día, en contra de la opinión de todas aquellas personas que, insensibles, obcecadas en la moral católica y abanderadas de una causa totalmente caduca, retrógrada e indigna, pretendían anularla.

Desconozco qué pasará en el futuro. Si el Gobierno se doblegará ante las pretensiones de Hazte Oír o de la Conferencia Episcopal. No tendría nombre, desde luego. Pero la sociedad ha cambiado, esto no tiene vuelta atrás, los armarios no van a volver a cerrarse y por mucho que supriman educación para la ciudadanía va a ser imposible que los niños no perciban la realidad que les rodea, y se van a dar cuenta de que hay muchos tipos de familias, que se puede ser feliz, se puede vivir de otra manera, y que unas formas y otras son perfectamente compatibles y armonizables. Como ya dije en otra entrada en el blog, además de todo esto tenemos internet, que es una herramienta perfecta de visibilización y de búsqueda de referencias y modelos en los que identificarse.

No creo que yo vaya a ejercer mi derecho a casarme. Sin entrar en temas demasiado personales para comentarlos aquí, diré que cuando decidí aceptarme tal cual soy, jamás pensé que las cosas se me pondrían tan fáciles, más bien al contrario, pensaba que mi vida iba a ser un camino tortuoso y cuesta arriba. Qué afortunado me siento hoy de vivir en un país como éste, de tener una familia, un entorno cercano en general tan, tan comprometido. Y cuánta pena siento por aquellos que sé que son como yo, y que viven unas circunstancias totalmente injustas e inhumanas, sobreviviendo de cualquier manera.

De modo que espero que lo sucedido hoy en España sirva de incentivo para que otros países con sociedades parecidas a la nuestra y gobernantes de mente abierta adopten como propias estas leyes equiparadoras de derechos, y  luchen, en fin, por la felicidad de las personas y su realización personal; y sirvan de ejemplo a otros, como nosotros.

Nada más. GPL.

Migue.

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