Cabo de Gata, 10-03-12

Otro sábado Al-Natural al que nos habíamos apuntado, esta vez para conocer el Parque Natural del Cabo de Gata-Níjar, el primer parque natural marítimo-terrestre de Andalucía. Sabíamos que nos enseñarían algunos trucos para fotografiar aves, y que nos mostrarían algunas de la gran variedad de especies vegetales que hay allí. Pero además, nos mostraron que el Cabo de Gata forma parte también de la Red Europea de Geoparques por su origen volcánico, descubrimos unos humedales que albergan gran cantidad de especies, y, en fin, que Cabo de Gata es mucho más que un conjunto de playas paradisíacas.

La mayor parte de las fotos que veréis aquí son obra de mi amiga Sandra, que me presta su trabajo fotográfico porque el mío salió regular.

El día comenzó bien temprano para conducir 1 hora y media hacia donde nace el sol, y llegar puntuales a nuestra cita en Retamar, justo al lado de Almería capital. Después del desayuno, nos dirigimos hacia la pedanía de Almería “San Miguel del Cabo de Gata”, y de allí a una playa inmensa, sin edificaciones, que va desde San Miguel de Cabo de Gata hasta Retamar. Os dejo un plano de google para que veáis en dónde es.

El foco de atención más importante en esta playa es, sin duda, la “Rambla Morales”, ese río que se ve que viene desde dentro, y que no alcanza el mar porque una lengua de tierra se lo impide. Aunque a lo largo de su recorrido la rambla esté seca, realmente hay agua en el subsuelo, que surge junto a la desembocadura formando el humedal. A su alrededor, una gran extensión dunar, arenosa, poblada de una gran cantidad de especies vegetales adaptadas a unas duras condiciones, como son un clima casi desértico, y una humedad que proviene del mar, cargada de sal. Al otro lado de San Miguel están las salinas, otro humedal importante que visitamos de pasada una vez emprendimos el camino de vuelta, con alguna sorpresa. El otro sitio que visitamos fue el faro, en el Cabo de Gata propiamente dicho. En este mapa en PDF podéis ver un dibujo del parque natural entero.
Armado con prismáticos, cámara de fotos, libreta y bolígrafo para no perder detalle de la visita. Aún así hubo cosas que se quedaron en el tintero, nombres de plantas y aves que no pude apuntar o que apunté mal. Pero el resultado ha sido muy bueno. Por fin le puedo poner nombre a un buen número de aves y plantas como vais a ver.

Antes de llegar al punto cercano a la rambla en donde dejaríamos los coches, nuestro guía, Jorge Garzón, paró el coche para otear el entorno encontrando a un ave limícola (que gusta de buscar comida en el limo), el “chorlito dorado”, que gusta de los entornos áridos como aquél, lo mismo que la cogujada común que vimos en Sierra Elvira; nos contó que es un ave migratoria y que pronto se irá a tierras cercanas al Ártico. Estamos en un terreno arenoso, salpicado de multitud de plantas bajas, tipo matorral, muchas de ellas aromáticas, y con características especiales para subsistir en duras condiciones. Por ejemplo, ésta de la foto, tiene sus hojas recubiertas de una especie de pelusilla que le sirve de protección contra el agua salada (está muy cerca del mar y el viento sopla cargado de humedad salina):

Esto es todo lo que hay alrededor de la playa: arena y vegetación dispersa. Es un sitio precioso, sin edificaciones y muy tranquilo, muy pocos coches (los nuestros y alguno más) ya que se necesita una autorización especial para circular por allí con vehículos a motor. Sí que había bastante gente paseando o en bicicleta, y debe ser algo frecuente porque los “correlimos” que comían al borde de la rambla no se asustaban apenas de la gente que pasaba muy cerca de ellos. Saber esto nos permitió acercarnos bastante a ellos y fotografiarlos haciendo honor a su nombre, corriendo sobre el limo:

Los correlimos los veíamos conforme llegábamos a la rambla, estuvimos un buen rato contemplándolos, intentando distinguir entre dos especies diferentes que había allí, sin mucho éxito, por cierto, y sacando un montón de fotos (la más chula es la que he puesto aquí). Luego dirigimos nuestra mirada hacia otro rincón y, para nuestro asombro, aparecieron, detrás de unos carrizos, un grupo de flamencos (!) varias fochas comunes, que son esos patos negros con el pico blanco, y algún otro que no recuerdo el nombre. Mirad qué foto:

En ésta otra foto, pude coger a un flamenco en pleno vuelo, descendiendo al agua:

Después continuamos el paseo subiendo por la ribera de la rambla, deteniéndonos a observar todas las aves que allí se concentraban. Pudimos ver cercetas (una suerte, pues según nos decía Jorge, están migrando y sólo paran aquí por un día), patos cuchara (tienen el pico con forma de espátula, y los machos son de colores vistosos, las hembras de color pardo), ánade real, somormujo cuellinegro  (el somormujo, reconocible gracias a los documentales de la 2 por su baile nupcial, aunque me corrigió Jorge, el del baile es otra especie muy parecida), gallinetas, zampullín… además, pudimos oír al mosquitero común, pero no verlo, como en la visita a las Lagunas del Padul. Además, todo el rato nos sobrevolaban las golondrinas, aviones roqueros, y algún que otro abejorro.

Estas son las fotos. Primero el avión, y abajo una focha común:

En esta otra foto, tres aves: el más cercano es un somormujo, detrás hay un macho de Malvasía, con su pico azul característico, ¡precioso!, y al fondo, una focha común:

Una foto más, como la anterior, pero con más actores, 2 malvasías macho, con la cola alzada que me recuerdan a las posturas que adoptan las canarias incubando en sus nidos. Los malvasías son patos buceadores, igual tenías a la vista 7 que ninguno. La foto:

Y el vídeo que le he grabado a la primera de mis canarias que se afana en hacer su nido esta primavera:

Y ya que estoy en youtube, hablando de pasión primaveral, y de somormujos:

Y esto es todo, de momento, en relación a las aves que pudimos ver el sábado, porque el resto del día lo ocupamos en la identificación de algunas especies vegetales que pueblan en parque y que le dan su valor. Cerca de la rambla, en la extensión arenosa más cercana a San Miguel encontramos unas plantas muy curiosas, como el “Azufaifo silvestre“, una planta espinosa que crea una malla casi impenetrable y que sirve de cobijo a los conejos frente a sus depredadores. También nos decía Jorge que era cobijo del capullo de la mariposa tigre. Al lado de éste, una planta llamada “pruebayernos“,  tan bien anclada al suelo, con profundas raíces, que arrancarla resulta un reto difícil de superar para un yerno no deseado… Otra planta llamada “pegamoscas“, de tacto pegajoso, y flores amarillas que parecen moscas:

Vimos también una planta llamada “Gamoncilla“, pero no estaba aún en flor. En flickr tiene Jorge una foto muy buena de la flor de esta planta.

Y una más, la “silene littorea”, una flor rosa con un cáliz muy grande, preciosa, y, como muchas, “tirada” en el suelo, solitaria… llama la atención la variedad y la delicadeza de las flores de allí, rodeadas de arena! mirad si no, la foto:

Después del paseo, ya era hora de comer, así que nos tiramos en la arena de la playa para tomar algo y descansar un poco al sol. Cogimos los coches y pusimos rumbo al faro por una carretera chulísima, estrecha y alta por el acantilado… las vistas preciosas, y al fin, una clase de botánica en pleno campo de prácticas de los alumnos de Biológicas. Nos describieron 10 de las muchísimas especies que se veían por una ladera cercana al faro. La primera de ellas, el “palmito“, la planta de cuyo tronco se extrae y comercializa en conservas el producto del mismo nombre. Es una palmera silvestre:

La segunda planta de la lista es una con flores: las “malvas“, sí, las mismas de “criar malvas”. He buscado en san google, y he visto que es una planta que sirve para todo, pero además tiene un valor ornamental, porque es preciosa:


Las terceras en la lista, las “amapolas” o adormideras, con demostración incluída de extracción de la “droga”:

Una más: el “trébol hediondo”


No estoy seguro del nombre de ésta:

En mitad de la pista estaba esta planta, que no logro nombrar, y que tenía dos texturas diferentes:

Una planta muy común de la familia de las gramíneas, el “esparto”, o “atocha”, de donde toma el nombre la locamente atacada hace 8 años estación de tren madrileña, y es que donde se ubicó la estación era antiguamente la puerta sur de Madrid, a donde llegaba el camino real de Alicante, y por donde entraban los carros cargados de fibra de cáñamo procedentes de Elda. Esta fibra era antes un producto de primera necesidad, usado en un montón de utensilios básicos, y recibía el nombre de atochal, de ahí el nombre de Puerta de Atocha. Cosas curiosas, Jorge apunta el dato, y buscando buscando, se entera uno de todo. Bueno, he aquí un detalle de la susodicha:

En estas tierras semidesérticas no podían faltar la lavanda y el tomillo, nos encontramos con otra “silene littorea” y, finalmente, vimos cómo los líquenes son los primeros seres vivos en colonizar la roca volcánica desnuda. Y es que, como dije al principio, estamos en un geoparque, el Cabo de Gata tiene un origen volcánico, para más señas. Los signos son evidentes (cuando alguien te los explica, claro, como a nosotros) porque la vegetación que cubre el terreno no es abundante, dejando la descubierto las formaciones geométricas de los basaltos, un material típicamente volcánico, junto a la presencia de otras piedras más porosas y ligeras, parecidas a la piedra pómez. Pero donde mejor se ve es desde el mirador que hay junto al faro. Se aprecia perfectamente la disposición circular de las emergencias rocosas, y el detalle en éstas de la formación geométrica de los basaltos:

Esta foto es una vista del “Arrecife de las Sirenas”, tomada desde el mirador del mismo nombre; son los restos de una antigua chimenea volcánica, y recibe este nombre, probablemente, porque la zona (en realidad, todo el Cabo de Gata) estuvo habitada por una colonia de focas monje (o sirenas) hasta aproximadamente la mitad del siglo XX.

Pues aquí finalizaba la actividad prevista del día, pero aún quedaba más, porque nos dimos la vuelta, y nos hicimos una fotillo de grupo antes de llegar a San Miguel, en una ladera desde donde podíamos ver las salinas y comprobar la abundancia de aves que allí se daban cita. Así que, ni cortos ni perezosos, cuando nos despedimos de Jorge y de Aurora y sus hijos y cogimos el camino de vuelta, paramos en un observatorio de las salinas y pudimos ver de nuevo a un grupo numeroso de flamencos y otro grupo aún más numeroso de cigüeñuelas, identificadas gracias al panel descriptivo junto a la entrada del observatorio.

Total, un día redondo, de los buenos, para repetirlo. La compañía estupenda, y lo aprendido, mucho y bien. Y unas cuantas horas para intentar resumir lo vivido. Una entrada del blog para disfrutar.

Como va siendo habitual, gracias por leer, gracias a Jorge, y a Sandra por las fotos. Hasta la próxima.

Migue.

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Una respuesta a “Cabo de Gata, 10-03-12

  1. Hola Miguel:
    Enhorabuena por la crónica. sobre las dos plantas que no recuerdas en nombre, decirte que la de las flores amarillas es un ‘Asteriscus maritimus’ o margarita de mar. La inmediantamente inferior es un detalle de la hoja basal de la amapola amarilla (Glaucium flavum) que todavía no está en flor, y que presenta como otras muchas plantas ligadas a zonas arenosas o litorales, ese tegumento lanoso que las proteje de la fuerte insolación, salpicaduras de agua de mar y sequedad extrema. Un abrazo. Jorge

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