Arturo Pérez Reverte

Como aún no tengo decididas las próximas excursiones, sólo las fechas (7 y 15 de enero), y no quiero dejar abandonado el blog, os voy a transcribir un artículo de Arturo Pérez Reverte, que escribió allá por 1997, y que conservo por lo emotivo que es. Han pasado unos años, y la cosa ha cambiado una barbaridad, quién me lo iba a decir a mi, pero yo no olvidaré nunca, y menos mientras siga habiendo casos como el del chico de este vídeo; y estaré muy pendiente de lo que pase con el nuevo gobierno del PP… ése que hemos elegido entre todos.

Aunque Arturo Pérez Reverte no es santo de mi devoción, pues suele dar una de cal y otra de arena, en lo que respecta a los derechos LGTB suele ser respetuoso. Ahí va una muestra:

 

PAREJAS VENECIANAS.

Nunca antes me había fijado en la cantidad de parejas homosexuales que se ven paseando por Venecia. Los encuentras caminando por los puentes, a la orilla de los canales, cenando en los pequeños restaurantes del casco viejo.

No suele tratarse de dúos espectaculares, sino todo lo contrario: gente discreta, tranquila, a menudo con aspecto educado. Mirando a los demás aprendes cantidad de cosas, y en el caso de estas parejas siempre me encanta sorprender sus gestos comedidos de confianza o afecto, el reparto convencional de roles que suele darse entre uno y otro, la ternura contenida que a menudo sientes flotar entre ellos, en su inmovilidad, en sus silencios.

Pensaba en eso el otro día, a bordo del vaporetto que cubre el trayecto de San Marcos al Lido. Sobre la laguna soplaba un viento helado, los pasajeros íbamos encogidos de frío, y en un banco de la embarcación había una pareja, hombre y hombre, cuarentones, tranquilos. Se sentaban muy juntos, apoyado discretamente un hombro en el del compañero, en un intento por darse calor.

Iban quietos y callados, mirando el agua verdegris y el cielo color ceniza. Y en un momento determinado, cuando el barc hizo un movimiento y la luz y la gama de grises del paisaje se combinaron de pronto con extraordinaria belleza, los vi cambiar una sonrisa rápida, fugaz, parecida a un beso o una caricia. Parecían felices.

Dos tipos con suerte, pensé. Aunque sea dentro de lo que cabe. Porque viéndolos allí, en aquella tarde glacial, a bordo del vaporetto que los llevaba a través de la laguna de esa ciudad cosmopolita, tolerante y sabia, pensé cuántas horas amargas no estarían siendo vengadas en ese momento por aquella sonrisa. Largas adolescencias dando vueltas por los parques o los cines para descubrir el sexo, mientras otros jóvenes se enamoraban, escribían poemas o bailaban abrazados en las fiestas del instituto. Noches de echarse a la calle soñando con un príncipe azul de la misma edad, para volver de madrugada, hechos una mierda, llenos de asco y soledad. La imposibilidad de decirle a un hombre que tiene los ojos bonitos, o una hermosa voz, porque, en vez de dar las gracias o sonreír, lo más probable es que le parta a uno la cara. Y cuando apetece salir, conocer, hablar, enamorarse o lo que sea, en vez de un café o un bar, verse condenado de por vida a los locales de ambiente, las madrugadas entre cuerpos danone empastillados, reinonas escandalosas y drag queens de vía estrecha.

Salvo que alguno (muchos) lo tenga mal asumido y se autoconfine a la alternativa cutre de la sauna, la sala X, la revista de contactos y la sordidez del urinario público. A veces pienso en lo afortunado, o lo sólido, o lo entero, que debe de ser un homosexual que consigue llegar a los cuarenta sin odiar desaforadamente a esta sociedad hipócrita, obsesionada por averiguar, juzgar y condenar con quién se mete, o no se mete, en la cama. Envidio la ecuanimidad, la sangre fría, de quien puede mantenerse sereno y seguir viviendo como si tal cosa, sin rencor, a lo suyo, en vez de echarse a la calle a volarle los huevos a la gente que por activa o por pasiva ha destrozado su vida, y sigue destrozando la de chicos de catorce o quince años que a diario, todavía hoy, sigue teniéndolo igual que él lo tuvo: las mismas angustias, los mismos chistes de maricones en la tele, el mismo desprecio alrededor, la misma soledad y la misma amargura.

Envidio la lucidez y la calma de quienes, a pesar de todo, se mantienen fieles a sí mismos, sin estridencias pero también sin complejos, seres humanos por encima de todo. Gente que en tiempos como éstos, cuando todo el mundo, partidos, comunidades, grupos sociales, reivindica sus correspondientes deudas históricas, podría argumentar, con más derecho que muchos, la deuda impagada de tantos años de adolescencia perdidos, tantos golpes y vejaciones sufridas sin haber cometido jamás delito alguno, tanta rechifla y tanta afrenta grosera infligida por gentuza que, no ya en lo intelectual, sino en lo puramente humano, se encuentra a un nivel abyecto, muy por debajo del suyo.

Pensaba en todo eso mientras el barquito cruzaba la laguna y la pareja se mantenía inmóvil, el uno junto al otro, hombro con hombro. Y antes de volver a lo mío y olvidarlos, me pregunté cuántos fantasmas atormentados, cuántas infelices almas errantes no habrían dado cualquier cosa, incluso la vida, por estar en su lugar. Por estar allí, en Venecia, dándose calor en aquella tarde fría de sus vidas.

 

 

 

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FELIZ SOLSTICIO

Dentro de un rato, a eso de las 6:30 de la mañana, comenzará oficialmente el invierno, lo cual es motivo de alegría porque los días serán cada vez más largos, y las noches más cortas, y esto hará que la primavera se nos vaya presentando poco a poco, no mucho más allá de mediados de enero, con los almendros de la Alpujarra florecidos. Si nada falla, todos los seres vivos de este hemisferio en que vivimos notarán este cambio y saldrán de su letargo, unos antes, otros después, pero todos acabarán por unirse a una celebración que bien lo merece, y se vestirán con sus mejores galas, y se entregarán al arte del cortejo… bueno, nosotros, los humanos, españoles en particular, nos alegraremos mañana por la salud que tenemos, y luego nos daremos a la bebida burbujeante, a la comida sin límite, y al compadreo con la familia, luego nos preocuparemos por la cuesta de enero, y luego festejaremos la llegada de la primavera, quizás sin darnos cuenta que la teníamos encima desde hacía tiempo…

Festejémoslo entonces, a pesar de todo.

Que no todo va a ser andar y andar y andar.

Sendero Cerro Huenes

Con media hora de retraso sobre la hora prevista, iniciamos ayer el recorrido previsto, desde la fuente del hervidero. El tiempo era desapacible, y no pudimos apreciar las vistas desde el mirador del collado Sevilla, así que iniciamos el sendero propiamente dicho sin más.

Cartel de inicio del sendero

El camino se inicia en la pista que conduce al jardín botánico de la Cortijuela, de la que nos desviamos por una pista que baja por la izquierda y que bordeará la falda del Pico de la Carne.

La niebla iba desapareciendo conforme avanzábamos, y nos dejaba ya ver las vistas sobre la vega de Granada…

Granada

El camino discurre ahora bien definido, y cómodo. Cuando llegamos a Fuente Fría, el sol ya se asoma claramente, y la niebla, al retirarse, nos ofrece un espectáculo digno de recordar…

Esta parte del camino discurre dentro del parque natural, entre los límites del parque nacional, y el coto de caza, en un lado te arriesgas a que te den un tiro, y al otro, estás a salvo…

Nos quedan aún 1700 metros para llegar a la cota más alta del recorrido. Serán los más difíciles, y perdidos en algún momento, porque no encontrábamos los hitos del sendero. Llegamos arriba a las 13:30, más o menos, y con mucha hambre.

Por entre los pinos, Pradollano se dejaba ver…

Arriba, las vistas espectaculares del Cerro Gordo y el Trevenque.

Después de comer en la llanada del chopo, un descenso complicado, habíamos hecho la subida en 6 km, y nos esperaba ahora una bajada en sólo 3 km.

Llegamos al puente de los siete ojos, cansados pero contentos. Creedme que es el puente de los 7 ojos, aunque en la foto sólo salgan 2.

A partir de ahí, por la pista junto al río Huenes, a la umbría, llegamos al punto en donde habíamos tomado el desvío por la mañana. No hicimos apenas fotos en este tramo. Cuando llegamos al inicio de la ruta, no contentos con lo que habíamos andado, nos dispusimos a recorrer el sendero adaptado que, desde el collado Sevilla, y en apenas 800m, nos lleva al mirador de los alayos.

Allí, unas vistas muy buenas, con paneles explicativos de lo que se veía, menos mal!

Desde aquí, aún nos quedaban unos metros hasta llegar a la fuente del hervidero, donde habíamos dejado el coche.

Aprovechando que estábamos en la Zubia, buscamos dónde se encuentra la “Reserva Corvales”, sitio que tenemos pensado visitar próximamente aprovechando que Alberto conoce al dueño, y que nos ha invitado a que lo visitemos.

Difícil es dejar constancia aquí de lo vivido en el día de ayer. Espero que mejorará con el tiempo. Necesito más práctica con esto del blog.

Gracias y saludos.

Migue

Presentación y primera ruta

Llevaba varios días dándole vueltas al tema del blog. Finalmente me he decidido por éste, me gusta más que el blogger, más profesional… el tiempo dirá si acaba siendo juguete de un día o no. La idea es que el blog sustituya los eventos del facebook, y que además se convierta en un diario de las excursiones, con una hoja de ruta que acompañe a las fotos, de modo que quienes no se animan a acompañarnos, nos den una alegría.

Con el blog, la cuenta del youtube y el macbook, ya tengo todo lo que necesito para empezar, y la ruta que estrenará el blog va a ser una excursión al Cerro Huenes, en Cumbres Verdes, el próximo sábado 17, ya que finalmente no lloverá.

Se trata de un sendero circular, de 13,4 Km. y un tiempo estimado de 4-5 horas, así que saldremos a las 9 de la mañana para que no se nos haga tarde, desde la chana (mi casa u otro sitio que acordemos). Como siempre, la información del sendero se puede descargar, en PDF, desde la web de la Junta.

Saludos

Migue